En invierno, la piel sufre profundamente las inclemencias climáticas. Reconocer sus problemas y estar atentas a las soluciones, permitirá lucir un cutis radiante y saludable aún en los tiempos más frío.
En nuestra zona geográfica, el problema de la piel más común es la rosácea, un enrojecimiento facial que, de no tratarse adecuadamente, se instala de forma permanente; y cuyas etapas avanzadas puede traer complicaciones de tipo oftálmico. Se presenta tanto en pieles secas como grasas, por lo cual el tratamiento debe ser específico para cada biotipo cutáneo. Se recomienda el uso de productos libres de alcohol, descongestivos y calmantes en presentaciones fluidas, evanescentes y no pesadas: avena, aloe vera, caléndula, manzanilla, etc. Se debe evitar el uso de maquillajes grasos y oclusivos, que aumentan la congestión, prefiriendo formulaciones "oil free", cuyo principal componente sea el agua. Es común la necesidad de refrescar la piel, por lo que se utilizan brumas en base a sorbitol, té verde y ácido hialurónico, especialmente en lugares calefaccionados. En gabinete, se realizan drenajes linfáticos manuales, masajes suaves y sedativos.
El segundo problema de las bajas temperaturas es la exacerbación de la piel seca y extra seca. En estos casos, se indican principios activos humectantes afines a la piel: ácido hialurónico, ácido láctico, glicerina, urea, ceramidas y silanoles, junto con emolientes (escualenos, siliconas, aceite de jojoba orgánico) para impedir la pérdida superficial de agua. En ambas patologías, se deben evitar los baños y duchas muy calientes y prolongados.
Cuando hablamos de tratamientos antiage, la época invernal es ideal para realizar peelings y exfoliaciones profundas, ya que los diferentes ácidos que se utilizan benefician a la piel de diversas maneras: humectan y acondicionan, mejorando su textura, color y tersura; y tratan arrugas, manchas y cicatrices.
En cuanto al maquillaje, las bases hidratantes y de aspecto luminoso son ideales para el invierno, ya que la piel empalidece y se ve más opaca; con ellas, se gana lozanía y brillo natural. Acompañando este efecto rejuvenecedor, los rubores cremosos son humectantes, larga duración y de aspecto saludable: colores beige, rosados y duraznos quedan armoniosos con multiplicidad de colores de sombras y labios. Las tendencias apuntan a cejas marcadas y definidas; naturales de aspecto, pero muy cuidadas. Las pestañas "extralarge" se logran con primers, productos que se colocan antes que el rimel para dar efecto de pestaña postiza. Las miradas se vuelven metálicas, con tonos intensos y delineados marcados. Los colores: oro, peltre, plata, cobre y bronce; y se instalan los violetas y azules profundos como los nuevos "neutros", aunque los grises y negros siguen marcando tendencia. En los labios, el color piel continúa, aunque cada vez más mujeres se animan a los oscuros. En ambos casos, se llevan con un acabado cremoso, no tan "vinílico".
Texto_CAROLINA BOADA
Asesoramiento_ SILVINA VILLAR - Make Up Artist
