así, la Iglesia Católica planteó la premisa del matrimonio, el cual tenía características de una alianza de amor de los esposos entre sí y de ellos con Dios. Con el Derecho Romano surgieron leyes referentes al matrimonio, si bien con característica distintas a las que conocemos hoy en día; pero plantearon un funcionamiento social que consideraba necesario legislar las uniones entre hombres y mujeres.
Durante
la Revolución Francesa, el matrimonio, institucionalización religiosa por excelencia, se secularizó, siendo considerado a partir de entonces como un contrato civil. El Estado comenzó a intervenir en las uniones matrimoniales, mediante un representante que garantizaba la legalidad de la unión, sin cuya presencia la ceremonia carecía de validez. Asimismo, el Estado reglamentó el matrimonio estableciendo los requisitos necesarios para poder contraerlo, los aspectos formales y legales del mismo, y las consecuencias de la unión para la futura prole. Incluso, otros aspectos relacionados con el ámbito familiar se vieron afectados por la inmiscusión del Estado en los asuntos privados: se regularon los procesos de adopción, se otorgaron ciertos derechos a los hijos naturales, se legalizó el divorcio y se restringieron los poderes paternos, en especial la facultad de desheredar a los hijos.
Con la Reforma Agraria,
la Revolución Industrial y la creciente ideología individualista del Siglo XIX, surgieron grandes cambios sociales que hicieron variar de modo considerable la institución del matrimonio. El crecimiento de una clase media fuerte y la extensión de la democracia llevaron a una mayor tolerancia hacia la idea del matrimonio basado en la libre elección por ambas partes. Los matrimonios de conveniencia, aceptados en todos los países del mundo a lo largo de la historia, fueron desapareciendo paulatinamente, aunque en la aristocracia se mantuvieron hasta mediados del Siglo XX.
El
avance de las sociedades modernas, principalmente
en el último siglo, generaron importantes cambios que afectaron a la institución del matrimonio; cambios entre los que se encuentran el incremento de las relaciones sexuales prematrimoniales, el aumento gradual de la edad media para contraer matrimonio, el creciente número de mujeres que desarrolla una actividad profesional fuera de casa (con el consecuente cambio de status económico de la misma) y la liberalización de la ley del divorcio (en algunos países, desde 1970; aunque en otros, aún hoy es ilegal). Otros cambios significativos han sido la mayor accesibilidad al control de natalidad y la supresión de obstáculos legales y sociales para los hijos de personas solteras.

Pese a todo, ya sea visto como un estado o como un contrato, o desde el punto de vista religioso y moral o de bienestar social, el matrimonio aparece en su más elevada noción en las enseñanzas y prácticas de la sociedad moderna. El hecho de que este contrato sea un sacramento, imprime en la mente popular su importancia y la santidad de la relación empezada. El hecho de que la unión sea indisoluble y monógama promueve en su grado más alto el bienestar de los padres e hijos, y estimula en toda la comunidad la práctica de la virtud del autodominio y del altruismo, que son esenciales para el bienestar social, físico, mental y moral de los seres humanos.
Texto_
CAROLINA BOADA