La puerta de entrada a este destino es el aeropuerto de Río de Janeiro, desde donde se arriba a la posada elegida mediante un transfer de unas 3 horas de duración.
La entrada a Buzios no es nada impactante. Una avenida que se va desdibujando para llegar a la punta de la península, rodeada de construcciones poco atractivas. Pero una vez alojados, todo cambia. De a poco se descubre una ciudad construida sobre morros, con callecitas empedradas que suben, bajan y se cortan. Las posadas sobre los morros tienen escaleras que van uniendo los distintos blocks de habitaciones. Todas son construcciones bajas (no más de 2 o 3 pisos); y algunas están sumergidas en selvas espesas.
Buzios está compuesto de varias playas. La más conocida por los argentinos es la Joao Fernández , pero existen otras como Ossos, Brava, Azeda, Geriba, y muchas más; cada una tiene características distintas. Hay para todos los gustos: para los que quieren estar en el medio de todo, para quienes buscan tranquilidad o para los fanáticos de los deportes acuáticos.
En general, las posadas ofrecen servicios de transfers desde la playa al centro (desde la tardecita, hasta las 23 hs.); incluso, algunas ofrecen transfers a las otras playas. También existe un servicio de vans, que realiza el traslado por 2 reales aproximadamente. Y por si esto fuera poco, hay embarcaciones que llevan de playa a playa.
Sobre la Orla Bardot , costanera que recorre la playa céntrica, y su continuación en Rua Las Pedras, se encuentran la mayoría de bares y restaurantes de la ciudad, elegantes tiendas y locales de productos y artesanías.
Los paseos en barco por las playas, o ir a Arraial do Cabo con Cabo Frío, son las excursiones clásicas. A este programa vale la pena agregar al menos una noche en Río de Janeiro, una ciudad que merece ser conocida.
La combinación de playa, calor, música, buena atención y la cordialidad brasileña hacen de este un destino inigualable, ideal para la tan soñada luna de miel.
Texto_
ANA PAULA BERROJALVIS de UNLIMITED EVyT