posibilidad
de expresar el amor, máximo regalo de Dios a los hombres y mujeres, se pide la bendición de Dios sobre las parejas, como una forma de realización de este amor.
El requisito único y fundamental para la realización de la bendición matrimonial es la expresión pública del amor de los novios y su compromiso de llevar una vida juntos. Si hubiera un matrimonio civil previo, es importante presentar los documentos que lo acrediten; pero, de no haberlo, esto no es impedimento para realizar la bendición.
La Iglesia Metodista acepta el divorcio y, por lo tanto, realiza bendiciones de parejas con integrantes divorciados; siempre que haya transcurrido un tiempo prudencial desde la separación, y que se hayan dado los pasos necesarios en la sanidad y restauración de las personas. Asimismo, es importante realizar encuentros previos a la bendición, pautados junto con la pareja, para charlar sobre el sentido de la celebración y acompañarlos pastoralmente en esta etapa, así como para determinar los aspectos prácticos de la misma.
No existe restricción de horarios para llevar a cabo la ceremonia; y, en cuanto al lugar, la misma puede realizarse tanto en el templo de la Iglesia Metodista, como en otro lugar que la pareja desee (incluso, en el mismo sitio de la fiesta). La presencia de Dios no está atada a lugares, sino que el mundo entero es espacio para vivir y experimentar "Su" presencia.
La ceremonia de la bendición matrimonial es una expresión del amor de la pareja y del amor de Dios: es una fiesta, donde se celebran las experiencias
más lindas y queridas que se tienen como personas. Por esto, todo lo que se haga debe reflejar este espíritu festivo, en un ambiente cálido y relajado, sin acartonamientos ni frías formalidades, que no ayudan a la esencia de la celebración.
Los novios pueden entrar acompañados de sus padrinos, como símbolo de la separación de sus familias de origen para formar una nueva familia; o bien, pueden entrar juntos. Este último caso se aplica a parejas que ya han convivido un tiempo y deciden pedir la bendición; incluso, si la pareja ya tiene hijos, ellos también pueden estar presentes junto con sus padres y
recibir la bendición como familia.
Luego de la entrada, se realiza una lectura bíblica y se recibe un mensaje sobre lo que se ha leído. Se toman las promesas a los novios, se imparte la bendición y se procede al intercambio de anillos. En éste y otros momentos, la pareja puede sugerir la incorporación de un canto, que puede llevarlo a cabo un solista, un coro o ser una grabación (para lo cual el templo cuenta con equipo de sonido propio). Sigue luego, una oración por la nueva pareja y por todas las parejas presentes, para que todos renueven sus votos matrimoniales. Por último, se imparte la bendición final para todos, a la cual sigue el Padre Nuestro y la salida de los novios.
Dentro de cada celebración existe un "Orden de Culto", el cual está impreso para que los invitados puedan participar dentro de la misma, en los cantos y las oraciones, formando parte de la bendición a los novios. Incluso, se suele incorporar, en el momento de las promesas, un espacio para que los concurrentes a la boda expresen sus votos y deseos a la pareja, lo que enriquece más la celebración.
Más allá de la bendición, la iglesia se compromete a proveer acompañamiento pastoral a las parejas que lo soliciten, ya sea que enfrenten problemas o que deseen consultar por situaciones de la vida matrimonial. En este sentido, la disposición es abierta y franca, en la esperanza de que, si la solidaridad es mutua, se puedan crear espacios en nuestro mundo donde el amor pueda crecer y fructificar.
Texto
_CAROLINA BOADA
Asesoramiento_
Pastor JAMES WHEELER