En la iglesia, el protocolo indica que lo ideal es establecer una separación entre los invitados: por parte de la novia y por parte del novio.
Las primeras filas deben ser reservadas para los familiares más allegados, como los padres, los abuelos o los hermanos de los contrayentes. La segunda fila debe ser ocupada por los tíos, primos y restantes parientes lejanos. A partir de la tercera hilera de bancos, se irán colocando el resto de los invitados.
Los padrinos y los testigos permanecen junto a los novios, por lo que deben tener habilitados bancos o asientos cerca de los contrayentes, pero separados de los demás invitados.
En el salón es importante que, antes de sentarse, los invitados sepan qué lugar ocuparán y en qué mesa. Para ello resulta cómodo utilizar dos paneles, que se colocan en lugares bien visibles. El primero debe mostrar una relación por orden alfabético de todos los comensales. A continuación del nombre, aparece la indicación de la mesa que deben ocupar. El segundo panel, ubicado a la derecha del primero, contiene el plano general de todas las mesas (incluida la de los novios) con su numeración. Como complemento, se puede colocar en las mesas un cartelito con el nombre de cada invitado en su correspondiente sitio.
La situación de los invitados en las mesas, al igual que en la iglesia, dependerá de su grado de familiaridad o amistad con los contrayentes. Así, la familia directa debe ubicarse en las mesas más próximas o en la misma mesa de los novios. A partir de aquí, las mesas deben estar ordenadas alrededor de los novios, de forma que haya diferentes grupos que estén a la misma distancia de ellos. Los amigos muy íntimos, pueden figurar entre los que estén sentados más cerca de los novios.
En el caso de que hubiera niños, si estos son muy pequeños, se pueden sentar a la mesa junto a sus padres. Sin embargo, cuando tienen cierta edad, lo mejor es reunirlos a todos en una o varias mesas sólo para ellos.
Texto_CAROLINA BOADA